La Bodega Mondalón está situada en la cara este de la caldera de “Bandama”,  (linda al norte con lel complejo del Hotel Rural El Mondalón)  en una ladera con un 35% de desnivel aproximado, lo cual hace laborioso el cultivo, pero que a su vez aporta mas beneficios a la uva (oscilaciones de temperatura, mejor aprovechamiento de los rayos solares, facilidad en la poda, etc.) y sobre todo deriva en una excelente calidad.

El vino en Gran Canaria

La conquista de canarias trajo a estas tierras elementos de la cultura de los primeros colonos españoles, entre otras tantas el vino, que como parte fundamental de la dieta mediterránea, siguió a los europeos allá donde fueron. Es así como llegan a las islas las primeras cepas de viñas de mano de los castellanos.

Gran Canaria, la primera isla conquistada por la corona de Castilla en el año 1.483, destina, tras los primeros repartimientos de tierras entre conquistadores y colonos, grandes extensiones de terreno al cultivo de la viña. En un primero momento los cultivos se concentraron en las tierras bajas de Las Palmas, Telde, Agüimes, Arucas, Guía y Gáldar, para seguidamente extenderse hacia las medianías gracias al avance de las roturaciones y la mejora de las vías de comunicación. Las cepas traídas por aquellos primeros colonos en palabras de Viera y Clavijo “ … pronto encontraron en la isla un clima y un suelo de lo más oportuna para su prosperidad…” porque los terrenos secos, ligeros, pedregosos, areniscos, mezclados de lava del volcán desmenuzada y que se levantan en cerros, colinas, lomos y laderas son los que ordinariamente producen los mejores vinos.

Las principales variedades de uva que se cultivaron en un primer momento fueron malvasía, verdillo, torrontés y negramoll, obteniéndose con la mezcla de alguno de ellos el vidueño, el más preciado en los mercados americanos.

Así, desde los primeros años del siglo XVI, se exportan vinos de las islas hacia Inglaterra, Flandes, Hamburgo y a las colonias españolas y portuguesas de África y el Nuevo Mundo.

Hacia la mitad del siglo el vino en Gran Canaria juega un papel fundamental en la economía isleña pasando a convertirse en el producto principal de exportación ante la caída del cultivo de la caña de azúcar. El auge en el comercio del vino trajo aparejado el florecimiento de otras actividades artesanales vinculadas, como la tonelería o el arte de construir pipas y barriles para el transporte de los caldos, la alfarería y el curtido de las pieles entre otros. Así, desde los primeros años del siglo XVI, se exportan vinos de las islas hacia Inglaterra, Flandes, Hamburgo y a las colonias españolas y portuguesas de África y el nuevo mundo.

Hacia la mitad del siglo el vino en Gran Canaria juega un papel fundamental en la economía isleña pasando a convertirse en el producto principal de exportación ante la caída del cultivo de caña de azúcar. El auge en el comercio del vino trajo aparejado el florecimiento de otras actividades artesanales vinculadas, como la tonelería o el arte de construir pipas y barriles para el transporte de los caldos, la alfarería y el curtido de las pieles entre otros.

Durante el siglo XVII los caldos canarios gozaron de un comercio floreciente. Durante el primer cuarto de siglo se exportan desde Gran Canaria a los diferentes mercados 1.678.890 litros de vino obteniéndose grandes beneficios no sólo para los cosecheros, sino para el comercio en general, ya que la exportación de vinos a los mercados europeos y americanos favoreció la entrada en las islas de mercancías que no se hallaban en el territorio insular: tejidos, maderas nobles, loza, hierro y aceite entre otros.

Sin embargo, esta situación privilegiada pronto se verá perjudicada debido a la guerra de sucesión a la corona española. Los ingleses darán preferencia a los vinos portugueses, a los de Málaga y sobre todo de Jerez, minando así la producción y el comercio de los vinos canarios.

A pesar de la caída como cultivo de exportación muchas zonas de viñedos siguieron cultivándose en las islas para abastecer el mercado interior. Así, en el siglo XIX se produce en Gran Canaria el resurgir de la viticultura aunque con menor intensidad y con unas características totalmente diferentes. El hambre de tierras de finales del siglo XVIII genera  en los primeros años del XIX la desamortización de 553 fanegadas de tierra en los terrenos públicos del Monte Lentiscal y Bandama, que recaen en manos de una burguesía en auge. Se erigen un sin fin de lagares y bodegas que junto a sus casonas y a las extensiones de parrales dan lugar al paisaje más emblemático del vino en Gran Canaria: la comarca de Bandama y el Monte Lentiscal.

Es aquí, en este paisaje protegido por la Ley de Espacios Naturales de Canarias, donde encontramos las mejores representaciones del patrimonio arquitectónico vitivinícola insular.Pero a pesar de su caída como cultivo de exportación muchas zonas de viñedos siguieron cultivándose en las islas para abastecer el mercado interior. Así, en el siglo XIX se produce en Gran Canaria el resurgir de la viticultura pero esta vez de menor intensidad y con unas características totalmente diferentes. El hambre de tierras de finales del siglo XVIII motiva que se produzcan en los primeros años del XIX la desamortización de 553 fanegadas de tierra en los terrenos públicos del Monte Lentiscal y Bandama, de tal manera que recaen en pocas manos y no precisamente en la de los más desfavorecidos. En este momento la burguesía en auge levanta un sin fin de lagares y bodegas que junto a sus casonas y a las extensiones de parrales dan lugar al paisaje más emblemático del vino en Gran Canaria: la comarca de Bandama y el Monte Lentiscal. Es aquí, en este paisaje protegido por la Ley de Espacios Naturales de Canarias, donde encontramos las mejores representaciones del patrimonio arquitectónico vitivinícola insular.
El lagar antiguo, con su prensa de viga de madera, bajo el tejado a dos aguas de tejas, la tina de cantería donde se deposita el mosto; junto al lagar, la bodega, edificio de piedra, madera y teja medio fortificado, con ventanucos altos, angostos y puertas de tea. En su interior el mosto depositado en barricas de madera se transforma lentamente en vino. La bodega canaria, con el piso de picón y su ambiente silencioso y oscuro guarda aún hoy el secreto para criar y conservar el buen vino.El lagar antiguo, con su prensa de viga de madera, bajo el tejado a dos aguas de tejas, la tina de cantería donde se deposita el mosto; junto al lagar, la bodega, edificio de piedra, madera y teja medio fortificado, con ventanucos altos, angostos y puertas de tea. En su interior el mosto depositado en barricas de madera se transforma lentamente en vino. La bodega canaria, con el piso de picón y su ambiente silencioso y oscuro guarda aún hoy el secreto para criar y conservar el buen vino.

En Gran Canaria, la complicada orografía sobre la que normalmente se asientan los parrales ha condicionado que la mecanización de las labores de cultivo del viñedo haya sido mas bien escasa, conservándose así en muchos lugares de la isla un gran acerbo cultural que tiene que ver con esa antigua tradición del vino en las islas. Tal vez sea el Barranco de Taguy, localidad remota que se localiza en el fondo de la Caldera de Tejeda, donde encontramos la forma más antigua de elaborar vino siguiendo los métodos que en nada se diferencian a los practicado hace quinientos años por los primeros colonos europeos que se asentaron por estas tierras.

Pero a pesar de las dificultades impuestas por nuestra peculiar orografía en los últimos años la mayoría de los viticultores han adoptado nuevos sistemas en las tareas del cultivo de la vid y también en la elaboración del vino. Las nuevas tecnologías y las exigencias de los mercados han ido desplazando las formas tradicionales en la producción, aunque se sigue cultivando distintas variedades de uva que proceden de cepas muy antiguas formando también un patrimonio vitícola de características únicas.En Gran Canaria, la complicada orografía sobre la que normalmente se asientan los parrales ha condicionado que la mecanización de las labores de cultivo del viñedo haya sido mas bien escasa, conservándose así en muchos lugares de la isla un gran acerbo cultural que tiene que ver con esa antigua tradición del vino en las islas. Tal vez sea el Barranco de Taguy, localidad remota que se localiza en el fondo de la Caldera de Tejeda, donde encontramos la forma más antigua de elaborar vino siguiendo los métodos que en nada se diferencian a los practicado hace quinientos años por los primeros colonos europeos que se asentaron por estas tierras.

Pero a pesar de las dificultades impuestas por nuestra peculiar orografía en los últimos años la mayoría de los viticultores han adoptado nuevos sistemas en las tareas del cultivo de la vid y también en la elaboración del vino. Las nuevas tecnologías y las exigencias de los mercados han ido desplazando las formas tradicionales en la producción, aunque se sigue cultivando distintas variedades de uva que proceden de cepas muy antiguas formando también un patrimonio vitícola de características únicas.